1.7 – Jean-Charles Pichon: De la droga[1]

Jean-Charles PICHON nació en 1920 en Francia; se desenvolvió primero como periodista, escritor, dialoguista de cine, guionista de teatro, en la época del apasionamiento por el Existencialismo y la Nueva Novela. Trabajó con Hervé Bazin, Albert Camus, Jean Paulhan, los cineastas JeanPierre Mocky, Franju, Gérard Oury entre otros. A partir de los años 60, Pichon emprende una obra titánica: el desciframiento de la historia de la humanidad y sus dioses a través del estudio preciso de las religiones, las sectas, las sociedades secretas, los profetas. Gracias a su perspicacia, su constante premonición y una cultura aplastante, este hombre polifacético se vuelve él mismo una especie de profeta. Esos antecedentes provocan su aislamiento ya que cada libro que escribe demuestra que tiene razón contra el más estrecho racionalismo. Su nuevo método de análisis pone de relieve una estructura del pasado que integra la historia universal y plantea una posibilidad radicalmente original de “pronóstico” sobre la era en la que la humanidad está entrando.

Su obra que tiene de filosofía épica, de esoterismo, de álgebra de los ciclos, de historia trans-temporal, de mitología y de simbolismo consta de 27 libros que analizan tanto a Ezequiel como la Cábala, el Yi King como el Corán, a Paracelso como a Nostradamus. Su autor ofrece una comprensión de la historia de las ideas a nivel universal, de las obras maestras y de las grandes tradiciones de los pueblos en un peculiar estilo metafórico.

Jean Charles Pichon

DATOS DEL PROBLEMA

1.

Desde 1968 (e inclusive en América desde 1963), ¿cuántos libros se han escrito sobre la droga? Centenares. ¿Cuántos informes, artículos, estudios diversos? Millares. ¿Con qué resultados? La ciencia dijo su palabra y su moral, las suyas. Sin embargo, desde el siglo XIX, una retórica de poetas y artistas la había exaltado, aconsejado, maldecido, desde De Quincey, Poe y Baudelaire hasta 1968, en nuestro siglo.

Tratándose de la droga, todas esas obras sin embargo no trataron del mismo objeto, sino algunas de su necesidad; otras de sus fines, de desastrosas relaciones, de sí mismo consigo mismo, de sí mismo con los demás; otras, por fin, del drogado, de sus estados sucesivos, por carencia o exceso.

Pues, ni la ciencia, ni la moral, ni el arte han hablado de la droga en sí; ni las consideraciones de la necesidad, de los fines y de los tratamientos resolvieron el triple problema de la insatisfacción, de la fatalidad del desenlace, de la cronología de los estados.

Es que los sistemas por una parte, los métodos por otra, participan de un estudio racional del problema (de causa a efecto), cuando el problema de la droga escapa a lo racional, a la flecha del tiempo. La historia basta para demostrarlo.

Si yo considero el vocablo droga en su sentido más general: lo que no es útil -y puede ser nocivo- pero que no se puede dejar de consumir, se ve que la palabra abarca objetos muy diversos: la reserpina, la cerveza, el vino, el tabaco, el soma, el hachís, etc. La definiremos así: un consumo superfluo.

En seis mil años -los seis mil años que nos proporcionaron textos- se habla de ello sólo en estas circunstancias:

a) El derrumbe de un dios:

de Creación, alrededor de -3000: el vino, la cerveza, el soma;

el fin de la Justicia-fe, alrededor de -930 (o tal vez, -1000);

en 1164, el hachís, o tal vez un poco antes, a partir de 1116, mediante la formulación de las primeras sectas, consecutivas al alejamiento del dios del Amor.

b) El apogeo y el ocaso de un tiempo racionalista: el Ser siglo antes de J.C. y nuestro siglo XIX. En el siglo siguiente, de una manera u otra, la droga triunfa y el delirio que autoriza se extiende, se intensifica. El esclavo se confunde con el ilota, luego el sectario.

Ello no puede ser casual si el uso de la droga corresponde, por una parte, al despertar de las literaturas extrañas: mitológicas y fantásticas y, por otra, al nuevo peligro: guerras nómadas, a partir de -2300, guerras serviles, a partir de -140/-135, guerras juveniles que todo permite prever (las anuncié desde 1963).

Si la droga permanece siendo el medio, y el “tercero-excluido” el actor (nómada, esclavo, adolescente), un dios nuevo, una creencia nueva: la Justicia, el Amor, la Libertad, permanece el objeto de esos conflictos

Esas realidades ya no son del sistema ni del método. Es realmente de veras que la primera renovación de la droga acaba con el tiempo de un dios y manifiesta la eclosión de la fuerza venidera: el nómada, el esclavo, el adolescente; su segunda renovación anuncia el tiempo de un dios, mediante la expansión y el poder nuevo del mismo “tercero-excluido”. Entre los dos estallos: el crecimiento y el ocaso de un tiempo racionalista, donde ya no se trata de droga, sino de hacer de la religión (del dios degenerado) otro alcohol, otro opio.

Pues, si la droga reemplaza o resucita a los dioses (planos del universo, númenes), ¿no será que sólo una plena captación de los dioses, de las fábulas, de los arquetipos, permitiría hablar de ellos con lucidez?

De hecho, los poetas que mejor hablaron de la droga, desde Baudelaire hasta Michaux, entre otros, dijeron las “correspondencias”, los “planos del universo”, las “Ideas de Platón”, “el mecanismo de infinidad” a los cuales ésta nos permite acceder. Todos dijeron, Sir Humphrey Davy, Roger Heim, Gordon Mason, un mundo de dioses, mitológico, al margen del mundo racional.

Pero se trata aquí de verdaderos sabios, de experimentadores como los poetas quienes, desde Novalis hasta Artaud, saben de qué hablan. Por el contrario, también se ve a espiritualistas y aún a místicos que hablaron de la droga sin decir nada utilizable o evidente. Rechazaban sencillamente la droga que no admitían, excepto para su uso propio: incienso o soma, vino de misa o del Grial. He conocido sacerdotes católicos que no podían dejar el tabaco y gurus que no podían dejar el cáñano . Sin ni siquiera imaginar que se trataba de drogas.

2.

Ni cientista ni mitómano, el historiador de las religiones, el sabio mitológico encuentra aquí su función: la ubicación de las creencias. La ausencia de dioses (el rechazo a la droga) no acarrea problemas. Se repite indiferentemente de un día al otro (mediodía), de un mes al otro (luna nueva), de un año al otro (verano), de un ciclo solar al otro (calma solar), de un período histórico al otro (calma social), etc.

Los tiempos de los dioses plantean problemas ya que no son nunca los mismos: el tiempo de las Ciudades, de la Creación, no fue el tiempo de las Tribus, de la Justicia, ni aquel tiempo de los Feudos, del Amor.

Ni fueron tampoco semejantes las transiciones de uno al otro; en sus dialécticas diversas:

· del movimiento y de la posición (de las 12 tribus a los cardenales), por el Pentateuco o los Vedas, los profetas o los bramanes: de la Creación a la Justicia;

· de la simpatía y de la antipatía, hacia la unión o la desunión, por los Evangelios y las Búsquedas del Grial, las vías del Pequeño o del Gran Vehículo budista: de la Justicia al Amor;

· de la integridad y de la integración, desde la Edad Media: la cuestión, pendiente, de la Libertad. Del Hijo al Espíritu.

La alianza resolvió el primer problema, pero fue mediante este objeto, el Arco (el arca). La comida resolvió el segundo, mediante ese objeto, la Copa [(el o los grial(es)]. Una especie de balancín resolverá el tercero, del cual todavía no conocemos el nombre del instrumento, pero con el cual es posible que la droga tenga que ver.

Por el momento (hic et nunc), sólo sabemos con certeza esto: la integridad exige integrarse eso, en complemento directo. La integración exige integrarse a eso, en complemento indirecto (o precesional).

La integridad utiliza un contenido; la integración un continente ¿Contenido en qué? En el Ser-Yo. ¿Continente de qué? Del SerYo.

Si yo llamo el Ser-Yo LA UNIDAD U, constato que esta unidad es doble: contenedora de sus fracciones, una totalidad, y contenida en su duración, una parte.

Sin embargo esa misma dialéctica se instauró en el Arca de la Alianza, de Noé a Moisés, luego en la Copa del Grial: el contenedor: el Arco iris, la Copa que contiene la sangre, y el contenido, de Moisés o de Galaad.

De ambos lados de esta Unidad, los tiempos de la droga han sido realmente como franjas o fractales, donde el dios se hizo demonio: el Creador un destructor, IHAVE el vengador, Cristo el dios de las inquisiciones, donde un demonio se vuelve el dios nuevo, mediante los sacerdotes-serpientes del Ser milenio, el daimón de Sócrates, el Lucifer de los románticos.

Esos márgenes demoníacos son vinculados a los mayores ciclos: Noé se embriaga como el rey Saúl, el primero se acuesta con sus hijas, el otro desea a David, en el fin de la Tierra Primera (el Diluvio) o en el fin del Tiempo de los Jueces y de la Voz. Pero los huéspedes, pederastas, del Banquete de Platón, se embriagan sin embargo, a orillas del Amor, así como los delirantes del romanticismo, 2160 años más tarde, a orillas de la Libertad. Esos márgenes son vinculados igualmente a todos los ciclos: de la actividad solar y de Júpiter, en los 12 años; del año de 12 meses, del mes lunar, del día.

Es entonces alrededor de la explosión solar, o de la luna llena, de Navidad o de medianoche que el halo se deja reconocer, a través de los disturbios sociales (según Marx), el aquelarre de las brujas, los tiempos del Adviento a la Candelaria, el crepúsculo y el alba, o, mejor, la hora del lobo (a ambos lados de los sueños).

Esta Unidad del hombre -o, mejor, del mortal- que llamamos pubertad se envuelve igualmente con la misma franja, reconocida o no: de la edad de razón, más o menos, hasta el fin de la adolescencia. Aquí también el tiempo de la droga se acompaña del disturbio sexual (generalmente, el onanismo); circunscribe una fase de sueños, de revuelta social, o solamente familiar, otra luna llena, otra Navidad, otra medianoche.

3.

Fuera del tiempo del Ser único, el hombre sin dios no habla de divinidad (se excluye de ella). Pero inventa otros vocablos: en nuestra época, la Energía.

¿Qué es la Energía? Un vago dios, universal, intemporal no menos que Marduk, IAV, el IHS. Sin origen ni finalidad: el Tao. Maestra de los ritmos y de los números a los cuales nadie puede reducirla. A tal punto que para calcularla, numerarla, hay que relacionarla a una realidad totalmente otra: la masa o la frecuencia.

Una constante promedio determinará la relación: la “g” de Newton, el número de Avogadro, la “h” de Planck, el C2 de Einstein. Pero esa constante es sólo un promedio, de indeterminación, de aproximación, entre dos errores o tropos inevitables, en relación a la masa y la frecuencia (o la distancia): será necesaria la invención de nuevos planetas o la cautela de Planck, etc. Dado que un dios vago ya no está en relación constante con lo que es (cuantificado o localizado).

Intentemos ser más sencillos.

O apoyarnos sobre una constatación indudable.

Puesto que, en nuestra época, todas las dialécticas, míticas o dentistas, nos han revelado su insuficiencia, sino su contingencia, puesta en tela de juicio sin cesar. Excepto esta dialéctica: la vida, la muerte.

El hombre, la mujer (el ser humano), YO, que llamo H, vive y muere.

Por vivir, de sí mismo, para sí mismo, H quiere entender en lo que vive, ya que su propia vida le es un misterio, un enigma. O comprender por qué muere. H aspira a una Verdad, porque muere.

Quiere vivir lo mejor posible y lo más largo posible; quiere conocer los métodos y el funcionamiento del aparato que le otorgaría este plazo que llama Salud. De ahí, la comida y el remedio que constituyen sus principales preocupaciones. Pero, postergada en vano, siempre engañada, la Salvación-Salud debe llegar a sobrepasar el fin, a sobrevivirle. H aspira al Bien, porque muere.

La vida no es sólo enigmática y peligrosa, es, a la larga, monótona, porque siempre termina por renacer, en el día, el mes, el ario. H se adaptaría a este balanceo si dependiera sólo de El: jugaría con él, como si fuera otro tenis, otra partida de naipes, para pasar el tiempo. Pero, ya que muere, H quiere que este juego le sobreviva: la ciudad, el hijo, la obra. Aspira a una armonía, una Belleza.

Luego, poco a poco, a lo largo de los siglos, de los milenios, tiene que precisar, inventariar esta Energía que llamó Virtud. Distingue 4 Verdades que los Elementos realizan, sino las 8 que la Rosa de los Vientos formula (por lo seco, lo húmedo, lo cálido y lo frío) según el Yi King o Leibnitz; 0 4 Ciencias, como Boecio, 0 4 conceptos, como Kant, 4 juegos como Platón, etc.

Los 4 Cardinales, siempre.

Por el compartir, el corte-copa: del año, en 4 estaciones, del mes lunar, del día, de H mismo en 4 fases.

Pero esos inventarios sólo son sistemas, no menos sistemáticos que los 4 factores de la partícula, o las 4 fuerzas de la física más reciente. Los 4 juegos de rimas de la primera fase de la Máquina de Watson, macromolecular o las 4 relaciones del A.D.N. y del A.R.N. en genética. O esa diacronía, vertical, y esa sincronía, horizontal, de Saussure (que Jung designó a la inversa). Siempre los cardinales.

Atengámonos a lo más simple o lo más evidente.

De la primera dialéctica: la vida, la muerte, se induce necesariamente una segunda dialéctica: H consume, por lo que vive; produce porque muere.

Consume para comprender (libros, estudios). Produce – tal vez – para ser comprendido. Esta comprensión del otro, de todos los demás, del conjunto de seres, del Ser, lo llama Verdad.

Consume para nutrirse (hortalizas, carne, cereales primero: arroz, maíz, trigo). Pero produce, esos alimentos, mediante la recolección, la cosecha o la caza, para otros que él, todos los demás, todos los seres, el Ser mismo, que llama el Bien.

Consume, la cerveza, el alcohol, el cáñamo indio o el peyote, para excitarse un poco, para ocupar su vida. Pero esta excitación su sexo, su necesidad, lo que fue, por lo que debe ser. H sueña con liberar al otro, todos los demás, al Ser mismo, mediante la Belleza que crea.

Es el que escarba la tierra, en búsqueda de la Piedra, o explora el aire en búsqueda de la “maravillosa nube” o el fuego en búsqueda del relieve resistente. Luego, quien decide el uso de esta piedra, de esta nube, de este relieve; pule la piedra, orna la nube, salva el vestigio.

Luego, quien hace de ello una matemática o una astrología, un poema, una catedral.

A veces, la máquina funciona: los datos fueron exactos, los tratamientos eficaces, los usos apropiados. A veces, ya no funciona: los datos demasiado aproximativos, o la jugada mal hecha, o el anuncio desproporcionado.

Y, es siempre por un exceso o una carencia.

Se sabe que el exceso y la carencia se deben al número: más, menos (+, -). No es tan fácil definir a qué se deben el consumo y la producción (Marx lo intentó, mediante el concepto de “valor”, que quedaba numérico), y, más que todo, a qué se deben las nociones de vida y de muerte, las más reales aparentemente.

4.

Yo diría, brevemente, que la muerte es desenlace y cambio; porque el ciclo acabado exige otro; que la vida es mantenimiento y seguimiento, porque, mientras la vida no haya terminado, se distingue de las demás por el mantenimiento de H. Si no tuviera conciencia de ser siempre el mismo ¿qué sería mi muerte?

La muerte, así, se presenta como un cierre (un fin) o como un cambio, del ser mismo en otro. Una línea continua, un ciclo, un círculo se acaba acá. Otro ciclo, otra línea ahí empieza de nuevo, discontinua en relación a la anterior.

La vida se presenta como una apertura; siempre inacabada, mantiene lo mismo, mientras dura. Esta apertura utiliza la figura de un ángulo, cuyos lados, unas rectas, irían divergiendo, desde o hacia la Forma Vacía que serían a la vez el pre-nacimiento y la post-muerte.

Cuando habla de consumo y de producción, el racionalista -irrealista- dice que por lo tanto hay que producir lo que será consumido, se trate de erudición, de alimentos o de droga. Hace de la producción una causa, en primer lugar: siempre inacabada, ya que el progreso es sin fin, pero por siempre jamás mantenida, por el principio: de causalidad, de identidad, del “tercero excluido”. Hace de la vida el contenido de la muerte (otra palabra para decir consumo).

Cuando habla de consumo y de producción, el irracionalista -realista- dice que habrá que consumir con el fin de producir lo Verdadero, lo Bueno, lo Bello. Hace de las muertes sucesivas, de la angina o de la anguila, del niño o del adulto, de la oruga o de la mariposa, simples fases en una vida que abarca el gen y el ángel. Hace de la muerte el contenido de la vida.

El primero reduce todo el Libro a este capítulo: la duración de la angina o la de la anguila, la duración de la Francia republicana, eternizada. No hay otro libro, para él, que esas páginas, que acaba el consumo. El realista vive este libro como un capítulo: la vida de la angina entre las dos anguilas: la que la hizo y la que advendrá, o la Roma republicana entre la Roma de los reyes y la Roma de los emperadores.

La falta o el exceso, así, se deben al número: + ó -, que la Unidad excluye, en un Eje entre la progresión (+) y una regresión (-). La vida y la muerte se deben a la figura, abierta o cerrada, recta o curva, continua o discontinua: -ó – -, que el movimiento excluye; por el Promedio entre otros, entre las dos ubicaciones (localización, tendencia) o las dos estancias (distancia, instancia), pero también lo malo y lo bueno, lo falso y lo verdadero, lo feo y lo bello.

El consumo y la producción, en sus relaciones, se deben al contenido y al contenedor: <, >, que la Forma Vacía no abarca, ya que no contiene nada. Según Poe, esta Forma Vacía excluye la Unidad; según Heidegger, excluye el vocablo, el verbo, porque todo vocablo es ese contenido y ese contenedor, en el homónimo (varios significados en el significante) o en los sinónimos (varios significantes contenidos en el significado, el sentido). En otro Medio, ni eje ni promedio sino entorno: el medio de los banqueros, el de los salteadores.[2]

Así, por todo objeto que H quiere consumir, se ofrecen estos tres aspectos: el número, la figura, el vocablo. Y, por todo objeto que H quiere producir estos 3 sitios o medios: el eje, el promedio, el entorno.

Pero será, si trato del consumo, por exceso o falta (de erudición, de alimentos, de droga); lobenéfico sólo en promedio.

Será, si trato de la producción, una verdad o un error, un bien o un mal, una belleza o una fealdad. En fin, una vida o una muerte.

En cuanto a los accesos, del exceso a la falta, del consumo a la producción, de la muerte a la vida, o a la inversa, sólo competen a los “períodos promedios” de Humboltd, al cruce de Saussure y de Teilhard de Chardin, a las dos vías de Edgar Poe o al encaminamiento de Heidegger: ordenamiento historial de Marx, de Comte, de Toynbee, o la relación de orden (en la Matemática de los conjuntos): una cronología siempre.

En este estudio, sólo he tratado estas interrogantes: ¿QUÉ? ¿DÓNDE? ¿Cuándo la droga es posible, o necesaria? ¿Cuándo se hace sentir su necesidad? Intenté contestar a la pregunta de Heidegger: “¿por qué está esto aquí en vez de otra cosa?”; he propuesto esta variante: “Por qué esto está aquí en vez de estar en otro lugar?”.

Queda otra pregunta: ¿CÓMO? ¿Cómo la droga es utilizable, benéfica, o no, nociva?

Una tercera pregunta se planteará – algún día-: ¿Por qué? ¿Por qué ese exceso, esa falta? ¿Ese consumo, esa producción? ¿Esa vida, esa muerte?

Las respuestas al Cómo y al Por qué podrían ser objeto de otros artículos. A condición, por supuesto, que las preguntas tengan un fin.


Bibliografía

PICHON, Jean Charles,
1959 – Nostradamus et le secret du temps, Les Productions de París.
1961 – Joseph MALDONNA, Calmann-Lévy. Saint Néron, Laffont.
1962 – Le temps du Verseau, Laffont.
1963 – Les cycles du retour éternel:
I- Le royaume et les prophètes.
II- Les fours et les nuns du cosmos
, Laffont.
1964 – Les témoins de l´Apocalypse, Laffont.
1965 – L’ homme et les dieux, Laffont.
1966 – Le dieu du futur, Planète.
1969 – Histoire universelle des sectes et sociétés secrètes:
I- Du Moyen-Age à nos jours.
II- Les temps antiques
, Laffont.
1970 – Nostradamus en clair, Laffont.
1971 – Néron et le mystère des origines chrétiennes, Laffont. Histoire des mythes, Petite bibliothèque Payot.
1972 – La vie des dieux:
I- Les dieux phénoménaux.
II- Les dieux humains.
III- Les dieux étrangers
, Payot.
1973 – Les trente années à venir révélées par l’ histoire cyclique, J’ai Lu.
Article Néron pour l’Encyclopedia Britannica.
1979 – Le jeu de la réalité, Le Gay Savoir.
1981 – L’Islam daps le Coran, Cohérence.
1982 – La machine de l’éternité, Cohérence.
1985 – Les prophéties de Paracelse, Les Editions du Rocher.

Cuatro de sus obras han sido traducidas al español Centre las cuales “Nostradamus descifrado”).

(1972-1992) y visitante en diversas universidades Latinoamericanas, de Norteamérica, Europa y Asia. Cuenta con diversos artículos publicados en varios países referidos a sus áreas de especialidad: Ecología humana y use


[1] Traducido del francés por TAKIWASI.

[2] Juego de palabras en francés entre “milieux” (medios), “lieux” (sitios), “milieu” (medio), “moyeu” (eje) y “moyenne” (promedio). (NdT)

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