1.9 – Kabire Fidaali: El poder del Bangré[1]

Kabire Fidaali nació en Madagascar en 1945, de una familia oriunda de la India. Doctor en etnología, cineasta, profesor, ingeniero de sonidos, apasionado de física, su curiosidad lo llevó a Burkina-Faso para conocer las técnicas de los curanderos. Su encuentro con un verdadero sahio africano le permitió seguir los pasos de la iniciación en el “Bangré” o conocimiento. De esta aventura personal, Kabire Fidaali, híbrido cultural, intentó con el permiso de los “Bangda”, hombres de conocimiento africanos, formular nuevos conceptos teóricos sobre la conciencia humana y dejar entrever aplicaciones prácticas en campus muy variados. Propone en sus trabajos exponer el punto de vista de la sabiduría tradicional sobre el mundo moderno, en sentido inverso a lo acostumbrado.

Difundió su experiencia en un libro (El poder del Bangré), varios artículos y una película, “Iel Solma”, premiada por el Museo del Hombre en París.

Curandero africano de togo con familia

N.P.: Kabire Fidaali, Ud. tuvo una experiencia iniciática en Africa con varios brujos curanderos africanos. ¿Nos puede hablar de su experiencia?

K.F.: Brujo no es el término que conviene para designar a los sabios con los que he trabajado.

¿Por qué?

Tradicionalmente, en Africa, el brujo es también fetichista; practica la adivinación mediante sacrificios, hace o deshace los hechizos; es también un curandero y cura con rituales o recetas heredadas o personales.

Son prácticas frecuentemente descritas en la literatura y a veces enseñadas por televisión. Los hombres con los que he trabajado se designan por el vocablo “Bangda”, lo que significa literalmente: “Hombre de conocimiento”.

Los “Bangda” disponen del “Bangré” que significa “conocimiento”, un conocimiento en relación con una conciencia transcendida en la que nuestras percepciones normales son alteradas. Comparo a los brujos como a técnicos extremadamente calificados que disponen de un amplio espectro de técnicas sofisticadas; sus prácticas son espectaculares, los humanos necesitan espectáculo para ser convencidos. Los “Bangda”, por su parte, son sobrios, usan directamente su “energía vital” para orientarla según su deseo y mediante el control de su “atención”: es al conjunto de su práctica corporal al que designan como”Bangré”.

¿Así que “Bangré” es sinónimo de conciencia transcendida?

Con alteración de las percepciones; este detalle es muy importante. Cuando uno quiere traducir la palabra “Bangré” está en la misma situación como si quisiera traducir la palabra “ciencia”. La ciencia es a la vez una acumulación de datos, de reglas pragmáticas y de principios abstractos relacionados con nuestra realidad observable. El “Bangré” contiene a la vez un conocimiento experimental, reglas pragmáticas y principios abstractós, exclusivamente relacionados con la conciencia transcendida. El “Bangré” es por ejemplo el control corporal que les permite pasar de un estado de conciencia “normal” a un estado de percepciones alteradas sin ningún soporte químico, ni ritual, sino por el simple dominio de su “atención”, su “instrumento” privilegiado. Pero el “Bangré” es también los datos y las reglas acumulados por la exploración de esos estados desde hace siglos. Las “Bangda” son verdaderos sabios africanos capaces de otorgarnos informaciones originales sobre un potencial desconocido de nuestra conciencia animal o “divina”, como quiera Ud. Otra diferencia entre los “Bangda” y los brujos: los brujos son componentes reconocidos de las tradiciones del oeste de Africa, como intermediarios entre los humanos y los dioses, entre las realidades humanas “ordinarias” y el “Bangré”. Son los representantes del “Bangré” en las tradiciones, con las ventajas y las obligaciones que ello conlleva. Los “Bangda” son atípicos: como “Bangda” éstán “fuera de cultura”; como simples humanos conviven naturalmente con ello, y socialmente se ubican en lo bajo de la jerarquía tradicional, como los ermitaños en Occidente son místicos. En su vida cotidiana nada permite distinguir a un “Bangda” de un hombre normal. Si Ud. encuentra a un “Bangda” por la calle necesitará mucha experiencia para simplemente reconocerlo. A diferencia de los brujos, los más grandes “Bangda” no sacan prácticamente ni ventaja ni inconveniente alguno de su formidable conocimiento. Algunos viven apartados de su sociedad. En fin, los poderes de los “Bangda” son temidos por los brujos y los más experimentados de éstos últimos consideran a los “Bangda” como a sus maestros y, créame, no es sólo por cortesía.

¿Los “Bangda” son numerosos?

No lo creo; personalmente conozco sólo a tres de ellos en BurkinaFaso, entre los cuales a Barkié, el hombre con quien hice mi recorrido.

¿Y los brujos?

Prácticamente cada pueblo tiene el suyo. No sé exactamente cuántos pueblos hay en Burkina-Faso: si Ud logra saberlo sabrá cuántos brujos hay; tendrá que añadir además a los que viven ahora en las ciudades, lo que suma mucha gente.

Sin embargo, hablando de los “Bangda”, Ud. afirma haber frecuentado a “magos”. También le escuché decir que eran curanderos y adivinos fuera de lo común.

Claro, pero en realidad los “Bangda” son los “príncipes” de los magos. Cualquier adivino o curandero en Africa no es automáticamente un “Bangda”, del mismo modo que todos los “Bangda” no son automáticamente curanderos, pero sí todos son adivinos; ante todo se pregonan “hombres de conocimiento” y guardianes del “Bangré”.

¿Cómo diferenciar el “Bangré” de nuestro conocimiento “habitual” ?

El “Bangré” no es un conocimiento que tiene un objeto exterior al cuerpo humano; es un conocimiento donde las fronteras del cuerpo se diluyen en el objeto descrito, y recíprocamente. En otras palabras, lo que es percibido no es aislable de quien observa, sino al contrario, toma forma con la persona y por la persona que lo describe.

Pero me parece que este hecho ya es admitido, a tal punto que mucha gente plantea la “subjetividad” como postulado para hablar de nuestra realidad que Ud. llama “ordinaria”, por ejemplo Korzybski.

Tengo mucho que decir al respecto pero nos llevaría demasiado lejos.

¿Puede intentarlo de manera sencilla?

Korzybski, y con él, toda una corriente del “New age” norteamericano, considera que podemos sustituir la objetividad por la subjetividad para rendir cuenta de nuestra realidad. Esta manera de considerar la realidad o de hecho negar toda realidad otra que la individual ¿debería según Ud. satisfacerme?

No dije eso exactamente, pero admitámoslo.

Y, ¿qué opinaría Ud. si le dijera que no pienso que lo vivido en el “Bangré” sea subjetivo?

No entiendo.

La “subjetividad” traduce una propiedad de nuestra conciencia “ordinaria”, la “objetividad” traduce otra. El “Bangré”, según el concepto de los sabios africanos y el mío, resume lo que hacemos y exploramos en un estado avanzado de percepciones alteradas. Al nivel del “Bangré”, nuestra conciencia ordinaria está tan desordenada que casi ni interviene. A este nivel, el debate mismo “objetivo/subjetivo” pierde su sentido: el campo de la conciencia transcendida no es ni objetivo ni subjetivo. Es de lamentar que una moda actual haya vulgarizado la idea que todos los estados de conciencia son de un orden subjetivo; es un error profundo. Evidentemente, la subjetividad interviene en un principio en toda persona que descubre el “Bangré”, como un elemento de su conciencia humana ordinaria; pero, con la experiencia, su influencia va disminuyendo. ¿Cómo hacer para librarse del dominio de la subjetividad sobre nuestras costumbres perceptivas? Es parte de la “iniciación”: es una de las condiciones esenciales a la progresión del neófito. La otra condición es librarse del dominio de la objetividad sobre esas mismas costumbres perceptivas.

Es difícil deshacerse de sus convicciones profundas; una de esas convicciones, muy difundida en Occidente, es que la conciencia humana es el estado superior de la evolución de la naturaleza. Los “Bangda” aquí están para demostramos que nuestra conciencia ordinaria, la más difundida en la tierra, es sólo una forma de vigilia entre otras; que existen otros estados de vigilia que podemos explorar manteniendo nuestra atención activa. Pero la conciencia transcendida en su fase avanzada que he explorado en Africa -por lo demás análoga a la explorada por los místicos orientales y occidentales así como por los shamanes más experimentados- implica una pérdida casi total de todos los atributos de nuestra conciencia ordinaria. El pensamiento, las motivaciones, la intuición, la visión, la audición, etc… no queda nada de ello. Sólo permanece el silencio de lá conciencia al estado nativo, donde todo objeto se vuelve realmente sí mismo y sí mismo realmente el objeto. En este nivel, se puede decir que las nociones de “objeto” y “sí mismo” pierden sentido como entidades separadas. Pero ello no contradice en absoluto nuestra experiencia ordinaria en la que las dos son separables y realmente separadas.

¿Eso significa que los dos existen juntos?

Eso significa simplemente que la naturaleza humana y la naturaleza en general son lo suficiente ricas para ser a la vez confundidas y separadas.

Todas mis investigaciones están orientadas a rendir cuenta de esos dos aspectos y poder pasar de uno a otro sin incoherencia. Mire, así quedamos lejos de la subjetividad pura opuesta a la objetividad y de los debates en vano interminables que esta oposición implica. Dentro de la naturaleza no hay rivalidades entre estos dos aspectos. La rivalidad es un hecho humano susceptible de confundir las cosas las más simples. Así es que los “Bangda” no tienen ningún desdén hacia los conocimientos científicos y el progreso tecnológico; inclusive les interesa mucho y quisieran colaborar con científicos a condición que éstos últimos no pretendan darles lecciones sobre el “Bangré” antes de experimentarlo.

Curandero africano con utensilios de curación

Entonces, ¿cómo resumir lo que es un “Bangda”?

Es un maestro de la “atención” vinculada a los estados alternos de la conciencia. Barkié es el más experimentado que encontré, un maestro entre los maestros.

¿Barkié es su iniciador?

No exactamente; ningún ser humano puede enseñar el “Bangré” a otro ser humano. A pesar que Barkié sea el más experimentado de los “Bangda” y el más notable mago que he podido conocer, es mi compañero de camino y no mi iniciador.

Entonces, ¿qué de esa iniciación?

Mi “iniciador” -en tanto que esta palabra tenga todavía un sentido hoy en día, ya que se emplea en forma abusiva-, no es humano: es un árbol; prefiero decir que tengo mi “conocimiento corporal” de ¡un árbol!

Sin embargo, Barkié jugó un papel imprescindible durante mis primeros pasos dentro del campo, para mí desconocido,de las percepciones alteradas; él es el “Bangda” experimentado que me acompañó en mi recorrido dejándome aprovechar su experiencia. Es mi compañero, me guió hasta el último momento; luego, con algunas indicaciones, me dejó arreglármelas solo con el árbol. Intervino de nuevo después para evitarme ciertos tropiezos, pero no en todos, únicamente los que constituían trampas mortales, las trampas de la desorganización de la personalidad que llevan a una locura irreversible. La fuente de este caos es nuestra conciencia habitual, con las “visiones” que genera y los pensamientos que provoca; volveremos sobre este terra si me lo permite.

Otra diferencia entre los “Bangda” y los brujos es que los brujos tienen maestros mientras los “Bangda” sólo tienen compañeros. Un “Bangda” está librado a sí mismo y si comete errores irreversibles nadie le puede ayudar. En Burkina-Faso, hay “locos” que son exft turns “Bangda” que fracasaron en su intento de exploración de las realidades extrañas que se abren a nuestra conciencia a través de los estados alternos de percepción. Personas, en verdad, que no supieron controlar la confusión provocada por su experiencia corporal o la fascinación que ejerce sobre nuestra atención la exploración de estos amplios territorios desconocidos, a la vez interiores y exteriores. Ya no saben o no desean volver a nuestro mundo que no les interesa más. Mejor dicho, nuestra realidad se ha vuelto ausente para ellos, así como su mundo no existe para los seres humanos normales. Ello lleva muy lejos porque no se enferrnan comb nosotros, como si realmente se hubieran vuelto extraños a nuestra realidad- Así mismo, no mueren como nosotros.

¿No mueren?

Claro que sí, pero no del mismo modo: la muerte para ellos no cobra el mismo sentido que para nosotros.

Me resulta difícil entenderlo.

No tiene importancia, lo considero como un simple dato sin mayor importancia.

He leído su libro “El Poder del “Bangré”; encontré la primera parte, en la cual Ud. cuenta su historia, apasionante. Se percibe muy bien su evolución, sus dudas, sus interrogantes, y uno adivina más de lo que Ud. dice.

No obstante, la segunda parte es más difïcil para mí, demasiado abstracta, se dirige a los intelectuales. ¿No le parece que complica más que esclarece? Además, este tipo de trabajo, en sí, conlleva otro problema: tengo la impresión que contradice lo que desarrolló durante su exploración del “Bangré” -vale decir, si entendí bien, su exploración del mundo de las percepciones alteradas- y especialmente que su experiencia no tiene nada que ver con el pensamiento. Es una paradoja que me gustaría que explique.

Ud. no es ni la primera ni la última en formular esta pregunta que parece preocupar a mucha gente, no entiendo por qué. Es cierto que en los estados de percepciones alteradas el pensamiento desaparece; nuestra conciencia habitual se vuelve totalmente inútil. Sin embargo, si aprendí a no usar todas mis facultades de raciocinio, hasta parar todo pensamiento, a no ser un “ser de deseos” mientras estudiaba el “Bangré”, no me volví por lo tanto un idiota en mi estado normal y tengo la firme intención de utilizar mis facultades de raciocinio según su utilidad para el fin que me he trazado: expresar el “Bangré” e informar sobre las implicancias de este conocimiento esencial todavía vivo en Africa negra.

En cuanto al libro, no hay gran cosa que cambiar en la parte histórica que traduce mis vivencias durante dos años, entre 1981 y 1983, sino que de todos los acontecimientos vividos sólo guardé los que me parecían los más pertinentes mientras escribía el libro, en 1986. Con la distancia, modificaría seguramente algunos detalles y añadiría datos cuyo interés se revele con el tiempo. Y disociaría hoy en día mi experiencia en tres fases: La primera fue un largo período de desestabilización y desestructuración de mi conciencia habitual, caracterizado por la riqueza de “visiones” que tuve. No insistiré sobre esta fase, ampliamente descrita en mi libro, que converge con las grander tradiciones orientales y shamánicas. Quisiera simplemente subrayar que lo pasé sin utilizar ninguna droga ni preparado tradicional, sino por un medio poco conocido que llamo “desestructuración de los deseos humanos”. La fase que da las “visiones” es una etapa transitoria que presenta poco interés en relación al “Bangré” y que se debe franquear lo más rápido posible. Sé que este discurso puede chocar a alguncs para quienes las “visiones” son muy importantes, y tal vez una finalidad en sí; sin embargo en el “Bangré” no tienen ninguna importancia.

La segunda etapa atañe a mis vivencias en estado de conciencia transcendida propiamente dicha: todo lo que ocurría, todo lo que yo “veía”, no provocaba ningún sentimiento en mí ya que me sentía tan indiferente a todo. Me impregnaba literalmente de todo lo que era accesible a mi “atención”, una atención muy fluida que fluctuaba cambiando de orientación sin ningún control voluntario de mi parte. Cambiaba más por sí misma que lo que hubiera sido capaz de hacerlo. Con la experiencia sé que es posible orientar activamente la atención pero no había llegado aún a ere punto. Lo importante, ya lo dije, es que mi conciencia y mi voluntad habituales no intervenían más, se habían desvanecido. La comunicación con otros “Bangda” o el resto de la humanidad, los animales y las plantar, ya no transita por nuestra conciencia de existir, sino directamente a través del cuerpo.

Sólo los movimientos de colores y las luces quedan. Sólo importan los movimientos de luz; una constatación evidente de simplicidad de los vínculos y de los intercambios que tienen lugar en la naturaleza en presencia nuestra y por presencia nuestra. Antes de poder intervenir activamente en esos procesos de intercambios luminosos permanentes, se necesita bastante práctica del “Bangré”. De mi parte, sólo logré movilizar mediante mi “atención” una parte de mí-mismo que es una esencia vital. Compartimos esa esencia con las plantas, los animates y la materia inerte. No sé por qué la materia inerte posee también esta parte de vida, pero así es. No tenemos que imaginar que somos más “vivos” que las piedras, simplemente lo somos de manera diferente. Así fue lo vivido: la constatación de una presencia que deja a uno profundamente diferente a imprime a nuestro ser una huella corporal imborrable.

La última etapa empieza entonces cuando uno vuelve a su conciencia normal. Permítame hablar de manera impersonal ya que no exploré aún completamente la riqueza de esta etapa llena de trampas sutiles; tengo todavía m~icho que descubrir. De vuelta a la conciencia normal ocurren muchas cosas muy interesantes ya que no es solamente nuestro estado de conciencia que se transforma para recobrar sus funciones habituates sino que también lo que se almacenó toma forma. Como si nuestra conciencia cobrara su tributo a nuestras “contemplaciones esenciales” para que se le queden accesibles y no caigan en el olvido. Su forma definitiva depende del grado de “desprendimiento” que alcanzó el “Bangda”. A veces, el recuerdo definitivo tendrá un aspecto “visual” o “auditivo”, será vivido de manera agradable, terrible o hasta extáticamente. Hay igualmente sensaciones corporales similares a flujos de energía interna, menos espectaculares pero más próximas a la contemplación luminosa.

Así, las “visiones” aparecen durante las dos fases intermediarias de la experiencia corporal, la de la desestructuración y la de la reestructuración. Ahora bien, los “Bangda” consideran que esas visiones se nutren de las “basuras de nuestra humanidad” y manifiestan los verdaderos límites de los “Bangda”. Cuanto más ricas y variadas son las visiones tanto más un “Bangda” se encuentra lejos de la meta. A la inversa, cuanto más profunda es la experiencia, tanto más las visiones propiamente dichas disminuyen y pierden su riqueza de evocación y son reemplazadas por simples “sensaciones” corporales. Sensaciones corporales que nos dan acceso a una forma de “resonancia luminosa” de nuestro cuerpo con el entorno imperceptible en estado de conciencia ordinaria. Por fin, con la experiencia, el recuerdo luminoso se vuelve más y más efectivo y se necesita cada vez menos esfuerzo para actuar directamente sobre ello, como por ejemplo para curar a los enfermos o practicar la adivinación, o cualquier otra cosa. El use de la contemplación luminosa es un elemento determinante en el progreso ulterior del “Bangda”. Aprovecho la oportunidad para señalar que no es el “Bangda” quien decide enteramente el use ulterior de esa facultad, es su cuerpo el que lo decidirá: algunos se volverán maestros en salud, así como Barldé, y su propia exploración del “Bangré” pasará por la curación de sus semejantes; otros basarán su progreso sobre la contemplación en sí, volviéndose unos “sabios”, etc. El interés de las visiones es relativo al use al que se las destina: en el “Bangré”, su use es limitado. Nose puede caracterizar el “Bangré” por las visiones. En todo caso, las visiones están impregnadas de nuestra realidad cotidiana, a la vez consciente a inconsciente; aunque de gran profundidad, poseen un residuo de dimensión subjetiva que las ubica a la vez al margen del “Bangré” y al margen de nuestra realidad cotidiana. Las visiones son la expresión de una frontera entre el “Bangre” y nuestra conciencia habitual. Para un “Bangda”, esta frontera debe ser atravesada en ambos sentidos lo más rápido posible para alcanzar el estado de contemplación luminosa propiamente dicho, mucho más abstracto, lo que le otorga de hecho un valor universal, pero sin embargo molesta las tendencias humanas de poder y deseo de lo maravilloso.

Baobab árbol sagrado africanoPero ¿y las visiones referidas por numerosas personas?

Tienen todo su valor en nuestra vida diaria, y los “Bangda” saben cómo explotarlas, pero no hay que imaginarse que son exentas de aberraciones o errores.

Las iniciaciones tradicionales, integradas o no en religiones, lp comprenden muy bien ya que para llevar los humanos a superarse necesitan una motivación superior a la de lo cotidiano: la atracción del poder sobre los demás y sobre sí mismo, o la necesidad de lo maravilloso, son, entre otras, dos motivaciones potentes. Sin embargo, son a la vez un “motor” y una “cárcel”. Para acceder al estado de contemplación luminosa que calificamos de supremo estado, hay que saber a la vez explotar y superar el estado de las motivaciones, sean cuales sean. Para lograrlo, algunas tradiciones esotéricas instituyeron etapas jerarquizadas en siete niveles, otras en tres, otras finalmente ritualizaron el use de psicotropos para provocar de golpe un derrumbe de la voluntad consciente; poco importan las diferencias, todas concuerdan en superar la “tentación” de las visiones para acceder a la contemplación luminosa que es objeto del “Bangré”. Sobre este punto, et “Bangré” coincide con las más antiguas tradiciones esotéricas orientates y occidentales; y me iba a olvidar de las más altas tradiciones shamánicas.

Justamente, dice Ud. que nunca utilizó psicotropos, ¿cómo sitúa Ud. su experiencia en relación con las culturas shamánicas que utilizan drogas ? También me gustaría que me digs lo que piensa de la búsqueda de los toxicómanos modernos.

Para iniciar a los novicios, cada civilización ha instituido sus propias astucias: Las cutturas shamánicas han descubierto que tas drogas eran et medio más sencillo para desestructurar las percepciones normales y para provocar estados de percepciones alteradas. Las percepciones alteradas no son una meta en sí, sóto son un simple medio de lo conciencia transcendida.

La riqueza de las tradiciones shamánicas está en la enseñanza que permite exptotar los estados de percepciones atteradas, no en el hecho de drogarse. Una vez alcanzado el estado de las percepciones alteradas, comienza el verdadero trabajo de iniciación que time como objetivo llevar al postulante a un dominio de sus visiones y sensaciones corporales mediante una transformación de su “atención”. At cabo Bet trayecto hay un dominio de un cuerpo fibre de sus “pesadeces humanas”, en el que la necesidad de la droga desaparece, así como toda motivación de drogarse. Entre tos shamanes no hay narcodependencia. Me llevo muy bien con los shamanes, no hablo de los novicios, sino de los shamanes experimentados que me reconocen como uno de tos suyos aunque no haya enrumbado et mismo camino que epos. Exploramos el mismo campo, epos con droga, yo sin eila.

Nuestras sociedades modernas han transformado el medio en objetivo; nuestros jóvenes se Brogan las más de las veces para escapar como fugitivos de las duras realidades de nuestra vida cotidiana; se vuelven muy pronto prisioneros de sus experiencias porque no tienen objetivos más fundamentales. Sin alguien con experiencia para acompañarlos en sus trayectorias erráticas, caen en la trampa de sus visiones y sensaciones, acaban por drogarse y se destruyen moral y físicamente. Así es que apoyo sin reservas la experiencia del centro TAKIWASI y de mi amigo Jacques MABIT, susceptible de orientar a esos jóvenes a zafarse de sus narcodependencias, descubriendo la vía prometedora de la tradición shamánica opuesta a las vanas esperanzas de la droga moderna. Nunca lo repetiré demasiado, el control de las visiones provenientes de una educación específica de la atención es una de las claves de la iniciación.

Pienso que una de las fuentes de las visiones la constituye lo que Jung llama el “inconsciente colectivo”. Este está tan repleto de anomalias y errores como nuestra conciencia individual consciente a inconsciente. A pesar que sea algo interesante de considerar, no hay que otorgarle una ciega confianza, so pena de graves desilusiones. Los “Bangda°° afirman que las visiones proceden de la “basura de la humanidad”. Son una huella de los deshechos de nuestro ser individual y colectivo más profundo. Pero si uno sabe explotar este discurso sin prejuicios, se hará evidente que los deshechos son particularmente útiles. En toda actividad vital y la conciencia constituye una de ellaslos deshechos son inevitables y útiles para la preservación de la vida. Considerarlos como su alimento cotidiano provoca inevitablemente la enfermedad y hasta la muerte.

Ud. me desubica. ¿Tengo que entender que las visiones son nefastas y algo por evitar?

No dije eso; las visiones pueden ser utilizadas pero con mucha cautela, abusar de ellas conduce ineludiblemente a la degradación de la conciencia en todas sus formas; nuestros jóvenes drogados pueden testimoniar de ello. Los “Bangda” saben utilizarlas de dos maneras: por una parte las emplean para la adivinación, a veces para pronosticar o para curar las enfermedades; por otra, las visiones son para los “Bangda” una etapa inevitable en su progreso en el “Bangré”; saben aprovecharlas para practicar ejercicios destinados a liberarlos de “limitaciones humanas”, evitando toda complacencia hacia ellas para que no se transformen en una cárcel muy sólida ya que tienen como rejas las vanidades humanas.

Para resumir, ¿cómo se vuelve uno “Bangda”?

Uno se vuelve “Bangda” cada vez más eficaz perdiendo toda motivación en practicar la brujería. El trabajo del “Bangda” se origina en una motivación sin objeto, con una alegría sin placer, que entender que las visiones son al contemplar y actuar sobre una luz, fuente de vida: ¿eso no le recuerda nada?

Efectivamente, se encuentran discursos similares en los textos místicos orientales y occidentales, pero es difícil captar su sentido.

La dificultad no reside en las palabras, sino en nuestra lectura de esas palabras y de lo que evocan para nosotros; o mejor dicho, de lo que representan por resonància con nuestra experiencia corporal y los prejuicios culturales de la sociedad en la cual vivimos. En mi libro, señalo la constante preocupación de Barkié para llamarme la atención sobre el hecho de que lo que no está en la vivencia de alguien no puede existir en sus palabras; a la inversa, lo que no está en germen dentro de nuestra experiencia vivida no puede ser descubierto a través de las palabras de los demás. Los “Bangda” empezaron a darme indicaciones precisas sobre el “Bangré” sólo cuando se convencieron que mi experiencia corporal era suficiente.

Si entendí bien su libro, los “Bangda” le confiaron como misión difundir el “Bangré”, ¿es cierto?

Así es. Ellos me autorizaron a dar a conocer el “Bangré”; es el único compromiso que me pidieron explícitamente. Expresar y dar a conocer el “Bangré” constituye ahora una parte de mi trabajo.

Y ¿lo logró?

He ido avanzando, pero queda mucho por hacer. La dificultad más grande para mí ha sido encontrar el medio para lograrlo. Por ejemplo, no estamos ni Ud. ni yo en este instante en un estado de percepciones alteradas; nuestras percepciones habituates son activas, nuestro pensamiento también, nuestras motivaciones desempeñan su papel, en suma todos los aspectos de nuestra conciencia “normal” están movilizados. No puedo dejar de usar palabras y sus representaciones respectivas si quiero comunicar mi experiencia. Son además ineludibles en la comunicación humana “normal”. Sin embargo es imposible controlar su efecto de lupa deformante. Pueden servir como evocación pero no creo a este nivel en un intercambio profundo de orden conceptual que no sea la prolongación de una experiencia común. Más que todo, como para el conocimiento oriental y shamánico, las palabras no permiten aprender algo del “Bangré”. Por todas esas razones, abandoné la esperanza de expresar directamente el “Bangré”, de comunicar la esencia de la conciencia humana tal como la exploré; proceder así puede engañar más que informar. Perdóneme si le parezco tan categórico, pero durante varios años intenté en vano hacerlo, variando de estrategias de comunicación para finalmente admitirlo como evidencia.

¿Cómo entonces piensa Ud. cumplir con su compromiso de dar a conocer y expresar el “Bangré”?

Como lo ve Ud. misma, llegamos naturalmente a tratar de mi trabajo teórico. Una vez que constaté que era vano hablar directamente del “Bangré”, ya que el efecto de deformación en la lectura volvía mi discurso inepto, me di cuenta de que disponía de un medio indirecto para lograrlo. Este medio consiste en utilizar mi experiencia vivida y las numerosas indicaciones de los “Bangda” para elaborar una concepción de la conciencia humana que sea compatible a la vez con nuestra conciencia habitual y capaz de indicar los caminos de los estados de conciencia transcendida, de manera muy general, sin limitarse sólo al «Bangé»,

Para ello, primero me dediqué a comprender cómo funcionaba nuestra conciencia habitual, cómo la describían y la entendían las ciencias cognitivas más difundidas; luego, cómo podía modificar “nuestra” manera de describirla, tomando en cuenta el “Bangré”, para conseguir un sistema que sea eficaz en el plano práctico a la vez que desde un punto de vista teórico.

Es un trabajo complejo.

La función de un trabajo teórico no es la de ser fácil sino plantear bases rigurosas vinculadas a representaciones perfectamente claras. Una parte teórica es un conjunto abstracto destinado a servir de apoyo a aplicaciones ulteriores útiles en la vida diaria.

Mi parte teórica puede parecer ardua, pero el use de los conceptos aquí introducidos es de una simplicidad impresionante; pretendo que esos conceptos sean de use a la vez sencillo, preciso y potente. No hay que extrañarse, ya que esas palabras toman su origen en la fuente profunda del conocimiento de la conciencia humana de hombres entrenados a movilizar sus diversos aspectos. Las indicaciones de los “Bangda” me permitieron resolver problemas teóricos que yo creía sin solución.

Me fijé como meta transmitir correctamente el tesoro que representa el “Bangré”. Tengo a la vez una experiencia original y datos valiosos sobre los estados de conciencia transcendida en compañia de seres particularmente eficaces en este campo. Mi enfoque teórico establece una nueva manera de concebir las relaciones entre la conciencia humana y el medio ambiente, no sólo natural sino también humano. Por ejemplo, revela aspectos desconocidos de la percepción humana. Pienso que potencialmente mis informaciones pueden ser útiles a mucha gente. Lamentablemente, ciertos datos provenientes del “Bangré” remueven ideas comunes fuertemente establecidas en Occidente a partir de interpretaciones al azar de textos orientales muchas veces mal traducidos, o mal utilizados en relación con experiencias corporales a veces incompletas sino confusas. Hace casi diez años que trato de solucionar este delicado problema. Según las reacciones a mi alrededor, me parece que estoy en buen camino; pero imaginemos que no sea así todavía, no dudaría en modificar una vez más mi manera de expresarme y tantas veces cuanto sea necesario.

Estoy decidido a demostrar que el “Bangré” es un potencial de enriquecimiento de todos los campos del conocimiento, no sólo tradicionales sino también modernos. A partir del momento en que aparecen bajo una nueva luz las relaciones entre la percepción humana y el entorno, todo nuestro acercamiento a la realidad observable se encuentra removido. Ello atañe a las cosas más elementales tales como los objetos que nos rodean, así como a los seres humanos cercanos, nuestro prójimo, individual y colectivamente. De manera más general, las consecuencias de mi trabajo afectan la observación de la vida, los procedimientos científicos y, para terminar, nos permite ubicar mejor los medios y poner en evidencia la meta común de las iniciaciones tradicionales. Mostrando así la unidad en la finalidad de las prácticas esotéricas en todo el mundo, creo mejorar su comprensión, pese a la diversidad de las técnicas utilizadas y sus diferencias de expresión cultural.

Niño africano de Burkina Faso

¿Consiguió resultados interesantes?

Los resultados son más que alentadores: por ejemplo, tomando como base una epistemología desarrollada a partir del “Bangré”, demuestro que las percepciones humanas normales, los lenguajes humanos y las representaciones científicas tienen en común una estructura ineludible; que las representaciones cientí%cas y las percepciones humanas tengan una estructura fundamental común es iconoclasta hoy día: una apariencia de sentido común otorga a los científicos la convicción inquebrantable que los principios científicos modernos, sobre todo los de la Relatividad General y la Física Cuántica, transcienden las magras facultades humanas . Mi trabajo muestra que no sólo no es así sino que uno y otro son estructuralmente solidarios. Este descubrimiento de un inmenso alcance epistemológico, se lo debemos a los sabios iletrados de Africa. Este aspecto de mi investigación conlleva en germen la contestación a numerosas extrapolaciones filosóficas provenientes de la ciencia; un trabajo necesario al que deseo poder dedicarme algún día, mas todavía no me es factible. Para volver a su pregunta, una vez establecido el vínculo entre la “conciencia humana normal” y la ciencia, he logrado representar la frontera más a11á de is cual se ubica un mundo desconocido, explorado en estado de conciencia transcendida. Cosa sorprendente, esta frontera aparece “naturalmente” a la vez en el campo de la conciencia humana y como el “único punto inmóvil” definible en física: ¡es magnífico! Imagine Ud. una emergencia espontánea de este resultado basado en un desarrollo puramente conceptual y coincidiendo con los mensajes de los místicos del mundo entero, sin incoherencias con las bases científicas: ¿no le parece extraordinario?

¿Ud. parece sorprendido?

Claro que me sorprende: una cosa es mi experiencia corporal, otra cosa es mi investigación conceptual y, a este nivel, soy como cualquiera. Constatar que las representaciones que introduje funcionan, me deja atónito. Ello me da el sentimiento de hater cumplido con mi compromiso y hater hecho correctamente mi trabajo.

Además, el ejemplo que acabo de darle no es el único que demuestra que mi sistema funciona correctamente. Campo por campo, a medida que se desarrollan las aplicaciones concretas basadas en mi teoría, se descubre su facilidad de empleo, su pertinencia en los campos más variados, semántica, psicología, sociología, ciencias de la naturaleza incluida la física y hasta la informática.

Esas representaciones son el don al occidente de los sabios africanos. En este asunto no soy más que el intermediario en quien confían los “Bangda” y tengo empeño en hacer mi trabajo bien. El futuro dirá si soy o no digno de su confianza.

¿Su trabajo teórico tiene aplicaciones prácticas?

Claro que sí, y numerosas, en el campo filosófico, epistemológico, sicológico, científico, el aporte del “Bangré” es incontestable. Sin embargo, no hay que ilusionarse ya que muchas indicaciones de los “Bangda” van en contra de muchas ideas fuertemente arraigadas y se necesitará tiempo antes de darse cuenta del valor práctico del mensaje asentado en un extraordinario dominio de las posibilidades de la conciencia humana, sin soporte químico ni artificio ritual. Hoy en día, los que conocen la existencia del “Bangré” son muy pocos.

Tengo una interrogante pendiente: si los “Bangda” no utilizan ningún “artificio” como lo dijo, entonces ¿cómo proceden? ¿Utilizan la fuerza del espíritu?

Si Ud. entiende por “fuerza del espíritu” algo que esté relacionado de algún modo con la voluntad conciente, los deseos inconscientes, o también la intuición, entonces no es lo que utilizan; si Ud. entiende por “fuerza del espíritu” una “atención sin objeto” entonces tiene razón.

Me gustaría tener algunos ejemplos del interés de su trabajo en la vida cotidiana.

¿Ilustraciones más bien científicas o cercanas de la conciencia humana?

De la conciencia humana. Se dirige a personas interesadas en una búsqueda sobre sí mismas.

Voy a tratar. ¿Ud. recuerda la fase de desestructuración de la cual hablé anteriormente? Aprendí a disociar los vínculos íntimos que relacionan nuestras representaciones, nuestras percepciones conscientes, nuestros deseos conscientes y los inconscientes; algunos de esos elementos han sido tratados por el psicoanálisis, en especial el psicoánalisis de Jacques Lacan quien subrayó la importancia del lenguaje en el inconsciente humano. Tengo la convicción de haber explorado el mismo campo con una riqueza de detalles y una distancia inaccesibles al análisis clásico.

Evidentemente, exploté esos datos en mi trabajo teórico para proponer una nueva estructura dinámica entre las representaciones colectivas, las percepciones individuales y los deseos inconscientes también individuales. En especial, este acercamiento revela las relaciones dinámicas permanentemente mantenidas entre el inconsciente y el contexto cultural en el cual vive el individuo. Mis resultados seguramente serían útiles a los psicólogos y a los analistas; podrían abrir puertas insospechables. Lamentablemente esas ideas ponen en tela de juicio, por lo menos parcialmente, la idea de dimensión individual de la conciencia, sobre la cual se fundamenta la psicología clásica; además da un enfoque diferente a las relaciones “placer-displacer”, capitales en el análisis freudiano. Tengo la impresión que mis resultados se revelarían de una gran utilidad en el enfoque de la sicosis. Ni hablar del análisis Junguiano para el cual el aspecto iconoclasta de mis informaciones sobre los “arquetipos” y el “inconsciente colectivo”, es evidente.

Ya que se trata de poner en tela de juicio conceptos clásicos vale citar la “intuición” tan alabada en Occidente, en ciertos medios esotéricos, cuando no es más que una simple parte de nuestra conciencia habitual; algo magnífico queda enmascarado por las intuiciones, pero algo delicado de poner en marcha, cuya emergencia supone precisamente la desaparición de las intuiciones conscientes. Hay también el interés desmesurado otorgado a las “visiones” que ya señalamos.

En realidad hay incontables ejemplos pero hay que señalar que en mi proceder enjuicio una representación usual sólo cuando soy capaz de proponer una representación sustitutiva más eficaz que la que cuestiono.

Quisiera volver a una pregunta anterior a la que no contesté completamente sobre la utilidad de mi enfoque para los que efectúan un trabajo profundo sobre sí mismos. Mis trabajos establecen que nuestras percepciones normales corresponden a un “campo de coherencias” sobre la naturaleza; los estados de percepciones alteradas no son en lo absoluto una anomalía sino otro “campo de coherencias” sobre la naturaleza. Para los que postulan la conciencia transcendida, una de sus dificultades está vinculada a la influencia de su conciencia normal en su “trabajo metafísico”. Precisamente, el enfoque de la conciencia humana que propongo, les simplifica el trabajo con el aporte distanciado de los “Bangda”, particularmente durante la inevitable fase de las visiones. Un buen conocimiento del “Bangré”, aún abstracto, permite evitar trampas asociadas a la travesía de esas etapas en las cuales fácilmente se tilda uno de “iniciado”, bajo la influencia de lo que llamo las vanidades humanas. El deseo de lo maravilloso es una de esas vanidades. Actualmente, en Occidente, el término “iniciado” se vació de todo sentido por lo que me cuido de usarlo y prefiero proclamar que no lo soy aunque me arriesgo a perder el crédito indispensable para que se escuche mi voz. Establecido esto, no tengo nada en contra del trabajo importante realizado por personas efectivamente iniciadas, aún si no dan a conocer siempre los límites de su verdadera experiencia; la responsabilidad recae muchas veces en “la clientela” que les alaba. Ya le dije, la sed de lo maravilloso es una vanidad tremenda.

Bibliografía

FIDAALI, Kabire,
1981 – Iel solma: Encuesta iniciática en Ouagadougou, película premiada por el Museo del Hombre, París.
1987 – Le pouvoir du Bangré: Enquête initiatique à Ouagadougou,Presse de la Renaissance, París, 217 p.
1991 – Le champ des cohérences des perceptions altérées du Bangré africain, Académie des Sciences, N° 16985, París, 68 p.

bangre


[1] Entrevista de Nathalie Prost, traducida del francés por TAKIWASI

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